El día anunciaba la tormenta en el horizonte. El sol no ha salido y no creo verle en todo el día. Silencio. El viento no está. La calma antes de la tormenta. El mar se ha tornado verde. El cielo se ha vuelto malva. El sol no viene con la calma. Y todo esta a punto de comenzar.
El primer viento llega súbitamente. Golpea frío mi piel. Y apenas es una brisa. El tiempo avanza. La tormenta se acerca. Y la arena corre haciendo ríos en la playa. Ríos de viento.
Acá el frío se puede ver.
El viento se puede ver.
Me asombra como lo intangible cobra color y forma.
Se siente como avanza. Como golpea. Como cobra presencia y fuerza.
El viento grita.
La arena corta.
El frío sube desde el sur.
Las olas rugen en su andar.
Poco a poco llega la tormenta.
Lento. Pero sin piedad.
La obscuridad llega poco a poco.
Va cayendo la noche.
La niebla.
Estoy al borde de la nada. Solo escucho el constante crujir de las olas a mis pies. Ya no hay playa. Ha desaparecido por completo. El mar se la ha comido y las olas la invaden por completo. El viento me golpea constante. Incesante. Una ráfaga tras otra. Una tormenta de arena invade mis sentidos. Alcanzo a vislumbrar como las olas llegan hasta donde estoy. El mar no se detiene. Crece implacable. Pero a su tiempo. Siempre a su tiempo. Sin prisa.
Mis pies se anclan al suelo. Mi cuerpo se deja llevar. No hay música ni sonido que se le pueda igualar a lo que escucho. Una sinfonía escrita en el inicio de los tiempos. Mucho antes de que existiera el mar. Se siente la vida en la piel. Se siente la vida en el alma. Se siente la vida. Y el viento no deja de gritar.
Cada oleada sacude mi recuerdo. Un recuerdo que no recuerdo de donde vendrá. Algo que se lleva dentro y simplemente me hace recordar. Recuerdos que no se viven. Recuerdos que se sienten.
Una lagrima escapa. Y lo que era solo una lagrima se convierte en llanto. Un llanto hondo y sincero. Del alma. De allá de donde no se puede controlar. Del corazón. De todo mi ser y de todo lo que soy. Quiero gritar. Quiero volverme arena y volar por el mar. Quiero ser parte de la tormenta. Quiero dejarme llevar.
Mis pies se anclan al suelo. Y paso a paso regreso. Se escucha a lo lejos la alarma del faro. Una guerra que no es del hombre contra el hombre. Si no del hombre contra el mar. Ya regreso de la playa al pueblo. Y el viento no deja de soplar.
Los perros ladran inquietos. Le gruñen al viento y le temen al mar. Y el mar camina por las calles despacio. Tranquilo. Él solo vino a visitar. Y poco a poco pasa de una calle a la otra. Me consta, yo le vi pasar.
Me vence el sueño. Y cansado vuelvo a mi cama de esta lucha contra el mar. Una lagrima de recuerdo. Unas dos por la nostalgia. Y un llanto triste y sincero por todo aquello que aun me falta mirar...