A mi hija de otra especie...

Es increíble como tanto amor y tanta inocencia puede caber en algo tan pequeño. La forma en que mirabas todo a tu alrededor. La forma en que nos mirabas. Siempre esperando. Siempre abriendo los ojos lo más que podías, como si no cupiéramos en tu mirada. Nunca fuiste solo un perro… mucho menos una mascota. Eras mi hija. 

Recuerdo el primer día que llegaste. No sabías que pasaba. Pero estabas tranquila.

A pesar de tu tamaño, siempre fuiste muy valiente… a tu manera claro. No podías ver a otro perro, sin importar el tamaño que tuviese, le ladrabas. El destino te trajo hasta nosotros. Cuando llegamos a la casa, Gia supo inmediatamente que eras su hermana. Nos brincaba para que te bajáramos para conocerte. Y desde el momento en que se “olisquearon”, fueron inseparables.

Nunca hablaste nuestro idioma, pero entendías perfecto cada palabra. En el brillo de tus ojos comprendí una y otra vez que algo querías decir, sin que pudieras proferir palabra alguna. Entonces tu cola se movía como loca y te aventabas a llenarnos de besos.

Tengo tantas cosas que decir sobre ti. Tantos momentos en mi memoria, que se agolpan unos sobre otros y al no poder escribirlos todos, se me escapan por los ojos en forma de lágrimas. Me hará falta el eco de tus patitas siguiéndome a todos lados. Tus ladridos para avisar que “algo pasa, no sé que es, pero mejor aviso”. Tu alegría de salir a pasear y recorrer todos los días la misma calle, como si fuera nueva. Como si fuera la primera vez y una gran aventura.

Esa eterna inocencia cada día y cada hora y cada segundo. Siempre ahí. No importaba nada de mi día. Lo mal que me hubiera ido y lo estresado que estuviera. Al abrir la puerta siempre estuviste ahí, esperando para lanzarte a mis brazos y llenarme de besos. Bueno, a mis piernas para que te cargara.

Así como te trajo, el destino te lleva hoy lejos de nosotros.  Demasiado pronto. Tu vida fue pequeña, como tu. Pero tu recuerdo tan grande como… 

...no tengo palabras que puedan medir que tan grande es el recuerdo y las memorias que has dejado. Espero haberte hecho tan feliz como nos hiciste a nosotros.

Recuerdo la primera vez que caminaste por la calle. Te detuviste a oler una flor. Y luego otra. Y luego otra. Con el tiempo vimos como olisqueabas cualquier cosa que se te pusiera en el camino. Pero a nada le ponías tanta atención como a las flores.

Hoy yaces bajo una hermosa flor llamada “no me olvides”. Ten por certeza pequeñita que nunca lo haremos.
Siendo tan pequeña, eres lo más grande que nos ha pasado en la vida.

Te amo Lola. Te llevaré siempre en el corazón. 


(Solo salía bien en las fotos si estaba dormida... si no, solo se ve una mancha.
Nunca se estaba quieta.)

DOA (De Otros Autores)


"La magia del primer amor consiste en nuestra ignorancia de que pueda tener fin."

- Benjamin Disraeli